Infiérame que la luna brilla,
que somos dos entre sábanas, sin morbo, semidesvestida,
o que el sol ante las montañas se humilla
y allí, sublimes, sucumbir antes del silencio
Hableme de que la vela del candelabro no se está extinguiendo,
de abrazar la esperanza y mirarla a los ojos, de lo solo que me estoy sintiendo.
Que no es momento de sincerarme, confesarme conmigo mismo
porque no soy un vestigio de un mar bandido ,
no soy una huella que queda en el olvido.
Expliqueme que las distancias no importan,
que somos la nada y lo infinito a su vez.
Que el vals de los besos mil veces torpes, lo sabemos bailar,
y que el "cantar del adiós" , que por Dios! nunca logremos recordar

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1 comentario:
Buenísimo.
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